Cuando Dickens sigue hablando de nosotros en Navidad
«Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla todo el año». Charles Dickens, Cuento de Navidad.

En la víspera de Navidad, una relectura del Cuento de Navidad de Charles Dickens nos invita a recuperar el sentido humanista de estas fechas: la memoria, el vínculo con el otro, la empatía, el servicio y la solidaridad como fundamentos de una vida plena y comunitaria.
En estas fechas, cuando el ritmo del mundo nos empuja hacia el exceso y la distracción, se vuelve necesario detenernos. No para mirar hacia atrás con nostalgia, sino para ejercer la memoria: volver a aquello que ha dado sentido a nuestras vidas y que, pese al paso del tiempo, sigue teniendo un valor profundo.
El libro de Dickens es una de esas obras literarias que no envejecen porque no hablan de modas, frivolidades o superficialidades, sino de la condición humana, muchas veces en su estado más desolador. Es una reflexión moral sobre el aislamiento, la indiferencia y la posibilidad -siempre abierta- de transformación.

Ebenezer Scrooge representa al ser humano que ha perdido el vínculo con los otros y consigo mismo. Encerrado en la lógica de la acumulación y el control, ha olvidado que la vida se construye en las relaciones que mantenemos con los demás. Su cambio no es repentino ni trivial: nace de un reencuentro con la memoria, con el dolor ajeno y con la conciencia de su propia responsabilidad frente a los otros.
Dickens nos recuerda que el amor no es un ideal abstracto, sino una práctica cristiana cotidiana. Que el servicio al prójimo no rebaja, sino que ennoblece. Que compartir no empobrece, sino que restituye el sentido humano de la vida. Y que la empatía es el fundamento de toda convivencia auténtica, porque nadie se realiza en soledad.
La solidaridad que atraviesa el relato no es ocasional ni utilitaria. Es una disposición permanente del corazón, una manera de vivir sin cálculos ni indiferencia. El desapego que propone el autor no exige renuncias extremas, sino liberarse de aquello que endurece, que cierra y que separa.

En esta víspera de Navidad, desde Buscando raíces los invitamos a recuperar los gestos sencillos que han sostenido a familias y comunidades enteras a lo largo de generaciones. No hacen falta grandes discursos, sino pequeños actos cargados de amor y servicio: escuchar, acompañar, compartir el tiempo y la palabra, ofrecer mensajes de esperanza y fe.
Que esta Navidad nos encuentre menos atentos a lo que poseemos y más conscientes de lo que ofrecemos. Porque, como nos enseñó Dickens, nunca es tarde para volver al otro. Y siempre es tiempo de volver a lo esencial.

