Donde Chile y Argentina se encuentran: la laguna, la frontera y la leyenda

Miles de viajeros -un promedio cercano a 40 mil por período- cruzan el Paso Internacional Los Libertadores, corredor que une Chiley Argentina. Cada vez que las caravanas de autos serpentean por la carretera de Los Caracoles, la ruta que escolta la Laguna del Inca, parece escucharse el murmullo antiguo de las montañas que han visto pasar migrantes, turistas, compradores y buscadores de raíces.
En mi viaje a Argentina, hace casi diez años, me encontré por primera vez con la panorámica de la Laguna del Inca. Sus colores me deslumbraron, aunque entonces no pude detenerme a mirarla con calma. Cinco años después regresé a la tierra de los ancestros de mis hijos; allí sí pude contemplarla, respirar su silencio y fotografiarla con atención. Hoy vuelvo a ese recuerdo para hablar de este lugar exótico escondido en los Andes.
El paso fronterizo del Valle del Aconcagua ha sido clave desde la época colonial, lo que le otorga a la Laguna del Inca un profundo sentido de tránsito andino. A su costado, el centro de esquí Portillo -uno de los más antiguos de Sudamérica- se integra a este paisaje cargado de historia, naturaleza y movimiento humano.
La princesa de la laguna

Mucho antes de la llegada de los españoles, el Imperio inca -conocido como Tawantinsuyo- se extendía hasta los límites del actual centro-sur de Chile. Para los incas, las altas cumbres andinas no eran sólo geografía: eran espacios sagrados donde el mundo humano dialogaba con el sol, los apus (montañas tutelares) y las aguas.
En ese marco cultural se inscribe la leyenda de la Laguna del Inca, asociada al príncipe Illi Yupanqui y la princesa Kora-llé (o Cayen). Según la tradición oral andina, ambos decidieron contraer matrimonio en una cima cercana a una laguna de aguas cristalinas, lugar considerado propicio para rituales de trascendencia espiritual.
Tras la ceremonia, la princesa debía descender por una ladera escarpada como parte del rito. El sendero, angosto y resbaloso, bordeaba los precipicios. En ese trayecto perdió el equilibrio y cayó al vacío. Illi Yupanqui llegó instantes después, pero ya era demasiado tarde.
El príncipe devastado, depositó su cuerpo en las aguas de la laguna que, desde entonces, adquirieron el tono esmeralda de los ojos de la princesa. Aún hoy, cuentan los viajeros que su espíritu vaga entre las montañas y se escucha su lamento por las noches de luna llena. En cada ondulación de la laguna y en cada destello del sol vive la memoria de este amor sin fronteras, que nos recuerda que la belleza y la historia se entrelazan en medio de Los Andes.
Siglos después de aquella tragedia mítica, el escenario sigue siendo el mismo:la cordillera, la altura y el agua esmeralda. Sin embargo, el tránsito humano se ha transformado.Donde antes solo resonaban rituales y susurros ancestrales, hoy pasan vehículos, viajeros y migrantes que cruzan los Andes por rutas y túneles modernos. Entretanto, la laguna continúa allí, inmóvil, observando cómo la historia antigua dialoga con los desplazamientos contemporáneos por esta frontera viva.
El Paso Cristo Redentor

Cada año, miles de viajeros atraviesan el viejo túnel del Paso Cristo Redentor, rozando la frontera con ruedas y pasos apurados. Muchos pasan junto al espejo verde sin saber que allí, muy cerca, se guarda una historia ancestral.
El corredor bioceánico -también conocido como Los Libertadores- conecta Los Andes, en la Región de Valparaíso, en Chile con la provincia de Mendoza, en Argentina. En Uspallata se levantó un monumento de bronce del Cristo Redentor, inaugurado en 1904 como símbolo de paz y entendimiento entre ambas naciones. Bajo la cordillera, el túnel permite el tránsito a 3854 metros sobre el nivel del mar, aunque el invierno suele cerrarlo con nieve.
Paisaje, altura y camino

Desde Santiago, la Ruta 60 asciende como una vena de asfalto que trepa hacia Los Andes y se interna en la cordillera hasta fundirse con el paso hacia Argentina, acompañada por montañas, viento y horizonte.
En invierno, la nieve envuelve todo en un silencio blanco. En verano, la laguna revela sus aguas esmeralda y la inmensidad del entorno altoandina. Ubicada a 3.854 metros sobre el nivel del mar, la laguna se inscribe en una frontera natural de climas cambiantes y paisajes imponentes. Este entorno áspero y vasto dialoga con las memorias de quienes cruzaron montañas para dejar atrás lo conocido y comenzar de nuevo.
Frontera y tránsito

